Conversaciones silenciosas

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08/03/2007 LA MOSTRA CHAGALL DELLE MERAVIGLIE. AMANTI IN ROSA

Hola, me llamo Dimitri y soy Europeo. Vivo en la calle 12 del centro histórico de Santa Marta hace tres años. Allá tengo un hostal familiar con una capacidad máxima de 24 personas. La mayoría de mis clientes son extranjeros. Los más amables y fáciles son los Alemanes (¡de verdad!). Hace tres meses cerré mi negocio por… Bueno, ya sabemos porqué. Disfruto mucho vivir en Santa Marta por la mezcla de locuras y el ambiente caótico del Caribe Colombiano. Amo mi barrio porque hay una vida heterogénea y una lucha entre los estratos sociales, una lucha que es típica de Colombia. Al frente de mi casa hay otro hotel, un hotel 5 estrellas colonial donde Europeos y Estadounidenses gastan sus euros y dólares comprando cócteles en la piscina. La casa al lado mío es un prostíbulo. ¡Contraste! Obviamente, donde a veces llegan hombres del hotel mencionado. Hay gente muy rica y muy pobre intentando (o no) convivir.

Por la mala suerte procedente del Coronavirus, el turismo, una parte muy importante de la economía del centro histórico y de la zona al rededor de la ciudad, está totalmente al piso. Vi deteriorar la calle rápidamente durante la pandemia. Un montón de gente perdió su empleo formal o informal. Los Venezolanos, la gran mayoría vendedores ambulantes y otros pequeños trabajadores de calle, fueron las primeras víctimas de la crisis. Sin ningún apoyo del estado Colombiano, sin ahorros, sin derechos reconocidos, sus vidas se van deteriorando rápidamente. Un cliché muy triste: las mujeres siempre son las más vulnerables en estos tiempos en cual la violencia crece con la pobreza.

Y aunque he intentado apoyar a la comunidad con comida, así como muchos extranjeros o gente con un poco de plata lo hacen, sentí y vi que nunca fue suficiente. Hay más barrigas vacías cada día.

Jamás he tenido problemas con mis vecinas prostitutas, pero había paredes que se levantaron ( ¿Entre ustedes? por razones sociales incontournables supongo ( no entiendo), y nunca había ( tuve) tenido ( sin tenido) discusiones más amplias que ‘¿Hola, todo bien? ¿Si y tú, todo bien? ( ¡) Si!’.

Durante la pandemia eso ha cambiado y he tenido el privilegio de hablar con ellas de manera más personal. Claramente, con mi negocio cerrado, tenia ( tenía) mas ( más) tiempo, y aunque el trabajo de una prostituta nunca termina, ellas también tenían más tiempo para charlar. Nos cruzamos y hablamos al frente de mi casa, en el andén de la calle.

Así conocí a Geraldina, una Barranquillera de 22 trabajando en la calle desde su 16 años. Mataron a su novio en su ciudad natal, ahora tiene miedo de regresar y por eso vive en nuestra calle. No tiene familia, solo su bebé. Pues, que ( ¿Qué)es vivir? Se droga casi siempre para aguantar su sufrimiento. A veces, literalmente escucho su sufrimiento. Porque el prostíbulo donde trabaja es justamente al lado de la casa y de mi habitación, la escuché gritar una noche a las 2am. Escribí el siguiente mensaje a la policía (que jamás hace ( una) mierda).

”Ya no me importa que la casa al lado mío es un prostíbulo. Es así, lo acepto. Hay mujeres (y niñas) que trabajan allá para sobrevivir, o porque ( por) sus bebés, productos de violadores más que deberíamos tolerar ( no entiendo bien lo que quieres decir, debe estructarar mejor la frase), sobreviven. Son almas vacias ( vacías) y casi perdidas que ya no tienen objetivos en sus vidas o que no ven el fin de la miseria. No pueden salir de este mundo oscuro. He aceptado todo eso y que no lo puedo cambiar, que solo puedo ayudarles en momentos efímeros a esas personas. Regalandoles una cerveza o comida, a veces por ejemplo, solo para aliviar sus dolores un momento. He aceptado. Pero hoy (ahora) en la noche, no podía más. Escuché una niña de 22 años gritando porque la violaron tan fuertemente. Hasta que los próximos vecinos tocaron en su puerta. La llamo niña porque cuando te violan desde tus 16 años, no has crecido de manera normal, te han robado tu niñez. Jamás he escuchado una llamada tan profunda de deserperación. Me llegué ( llegó) una tristeza intensa y me quedé paralizado en mi cama de miedo y enojo. Pensaba que iban a sacar su alma con cada golpe. Su bebé está en la misma casa escuchando a su mamá. Y mañana la niña prostituta tiene que pagar otro 25.000 pesos para poder entrar en este cuarto del infierno. Más hombres, más heridas imborrables.

Que ( Qué) te puedo pedir? De ( ¿Cerrar…) cerrar el prostibulo? No. Sé que eres una buena persona y que quieres cerrar este lugar y has cerrado lugares parecidos también. Pero sabemos que no es una solución. Sé que no puedes hacer nada porque si pudieses hacer algo, ya lo habría ( habrías) cerrado. Y ( Y sé …) que si cierres ( cierras) un prostíbulo la niña prostituta se irá por ( a) otro. Hay suficiente ( suficientes) cuartos en otras casas parecidas, todavía. Además ella quedaría sin trabajo.

Entonces al final, solo te pido leer eso ( esto) y escucharme. Gracias Sarita.’
(Sarita es la jefa de la policía del barrio)

Otro día llego ( llegó) una chica embarazada preguntándome si podía adoptar su bebé cuando nacía ( nazca). Vender o regalar su bebé para poder dar comida a sus otros niños, no es algo exceptionnel ( excepcional) en Santa Marta. Es la triste reallidad ( realidad).

Escribo todo eso ( esto) porque vi a usted con su hija ( ¿Quién?), tan tierno y lleno de amor. Tan dulce como pidió ( quizá mejor -preguntó por su….- ) por su papá. Me senti feliz verlo y de tener la sensación que su hija vive en seguridad, enredado ( enredada con amor. Era un contraste tan fuerte con lo que pasa cada día en mi calle que no podía dar lugar a estas emociones sin escribir lo que escribí ahora. Me siento culpable de dejar a estas niñas de la calle mientras yo me vuelo por un lugar más bonito ( y en… ) en paz. Pero regresaré.

Son las 6:13 de la mañana del día 3 de julio . Llevo esperando dos horas aproximadamente aquí en el terminal de Bucaramanga. La espera me agota, también me deja en estado calmo con los cantos de aves. Mi cuerpo… En silla por horas. ¿Un ultrajo para él? Ahora ya no importa, ha pasado la noche, toda la noche en ello. En el oscuro temporal hay mucha vida aunque no parezca, entre árboles, animales, construcciones, la luna y humanos. Por un lado, pareciese que la luna robase parte de la esencia de vida de aquellas creaturas y luego, con eesa misma vitalidad, la irradiase con su luz pura y fresca desde el cielo.
Esa es una pequeña parte de la noche, la otra es la que acontece después de ella y que ya he anunciado en el inicio de este noble escrito.
Ahora… Una meditación para empezar el día traerá de regreso parte de mí que se quedó en la noche, atrapada entre la luna, la carretera, el cansancio o incluso mis sueños. De cualquier modo, esta meditación a parte de brindar sensaciones varias, canalizar la noche que ha pasado y estos nuevos minutos de día, ayudará a que pronto llegue el momento de partida, el momento en que anuncien el permiso de poder salir de este bus carcelero. Esto es lo que pasa en estos días de cuarentena, este es uno de los cambios dados por ella.