Se quedó Murci (¿o Murcia?)

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Hay llegadas y miradas que si no se quedan el mundo físico se quedan en las memorias.

A Murci no le hace falta una buena escucha. Sus orejas son tan grandes como 2/3 de su cabeza. El juego, los maullidos, la comida, los saltos, las aruñadas, las mordidas y sus ronroneos nunca estàn en falta, pues en su caminar y el encuentro con uno de nosotros, se alborota. Además, sus ojos suelen evocar la exaltación, el candor de la juventud y la sencillez del amor gatuno. Su cola, bien larga y fina, explora los espacios recónditos como si tuviese vida propia, es una cola que loca se mueve, de un lado a otro, de arriba hacia abajo y desde su trasero a su cabeza. Sì, no solo juega con objetos, pies humanos, recipientes de cocina, almohadas y la recepción en fique, sino también con su cola.

Su llegada fue algo extraña, o màs bien sencilla. Ocurriò en dos dìas, uno primero en una tarde, cuando lo pillamos comiendo la comida que yo habìa dejado en la calle para la gata Embarazada (le llamamos asì porque siempre està embarazada. La vamos a llevar a operar tan pronto nazcan sus nuevos hijos gaturros). El segundo dìa y el tiempo cuando se decidió de manera esquiva dejarlo en casa: El gaturro entrò sin màs a la casa, pidiendo nuevamete comida. Ante aquellas grande orejas Dimitri lo que hizo fue vociferar “Gato murcièlago”, luego algo asì como “Murci de murcièlago”. Caricias, comida y tiempo-espacio compartido con el gaturro (el que todavía no era Murci sino gato) hicieron que de repente Dimitri dijese “Còmo te vamos a llamar” “Un nuevo integrante”. Menester aclarar que no son palabras textuales y exactas de Dimitri, sino màs bien el sentido y memoria en relaciòn con lo acontecido. En fin, esa tarde y noche estuvo largo tiempo jugando al rededor de nosotros, comiendo y volviéndose loco cuando se le acercaba una gran mano a su rostro fino y pequeño. Loco porque cuando se hace lo relatado, se pone patas arriba, las mueve velozmente, se eriza, mueve su tronco con velocidad y en onda juguetona mientras sus grandes ojos, y no por su tamaño sino por la proyección que estos hacen, se clavan en la mano de quien juega con él. Esa es la lunaticada del Gaturro en un inicio, y ahora la Lunaticada Murciana, porque es de Murci. Y asì, después de estos alborotados segundos ante la gigantesca mano, Murci sale como un cohete, corriendo por toda la casa, o bien, por la zona donde se encuentra jugando, el ejemplo serìa la cocina. Por cierto, la zona preferida de juego es la parte baja del mesón del medio, pues allí tiene estrechos y cortos pasadizos hechos por cajas y recipientes que contienen o guardan los víveres.

Recientemente, Murci y Chilli juegan en recepciòn. Chilli escondida tras la cortina tiesa de fique y Murci adelate, intentando atrapar la pata peluda gatuna de chilli que se asoma debajo de esta. En uno de esos juegos, Murci cometiò el error, o la bienaventuranza de diversión, de acercar su cabeza lo suficiente a la cortina de fique para que Chilli, en su ataque de juego-caza, diee una cachetada o bofetada a Murci. Nosotros, todo esto lo observamos desde el jardì, al frente del escritoria y al lado de las colmenas, la madre y la hija colmena. Sì, asì es, las hemos duplicado, a ver de ulterior si ha funcionado nuestra tècnica de duplicación. Nuestra labor ahora es regar con màs frecuencia las plantas y de traer y cuidar otras nuevas para generar màs alimento nutritivo y natural a las Angelitas abejas

Chilli este dìa tiene una doble L por su caràcter enojado, su estado picante y su enorme boca devoradora de pereza.