Un algún-día sin teléfono

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Los días se acumulan y la mayoría son parecidos. No hay fines de semanas y no hay fin a las semanas. Simplemente no se cumplen. La rutina del lunes es la rutina del miércoles y domingo también. Pero hoy cambiamos la comunicación continua con el móvil por libros, lo que hace que nuestro día no se corte en pedacitos de dopamina procedentes del placer superficial de ver aparecer un mensaje en WhatsApp.

Por otro lado, el día en gris estuvo lleno de tranquilidad, de letras, de la peluda Chili y de esa luz radiante y gritona del sol entre la puerta. Sì, este dìa fue uno de esos llamados “fin de semana”, que para nosotros era igual que otro, solo sin clases universitarias y con horas màs largas. Un detalle adicional se teje entre los hilos negros del libro y los hilos negros de quien lee (Alisson). Trastornos psíquicos que eran leidos se iban enlazando con ciertas identificaciones parciales de su continua vivencia, de su continuo ser.

Las preguntas que se daban entre la violencia, el capitalismo, los “locos”, los problemas en general y el cómo los afrontamos , fueron los temas del día que circundaban la cuestión en margen de nuestras lecturas. Nuestra pregunta es, cómo pensamos algo sin que sea influenciado por lo que leemos: imposible, casi imposible, nuestro pensamiento està permeado por el pensamiento de otros. Eso es un hecho. Hecho que hace referencia al acaecimiento desde la propia vivencia subjetiva. Entonces, Dimitri y yo, y a veces Mateo (porque se la pasa casi todo el día en su habitación), compartimos nuestras vivencias y nos influenciamos e implicamos en nuestros pensamientos intercambiados, yo lo leo, él me lee, nos leemos.

En la crisis del Covid-19 cambian las costumbres de la gente. En este caso la costumbre de un taxista. Para diminuir la probabilidad de contaminación colocó una cortina de plástico entre él y las sillas atrás. ¿Puede ser que salve vidas? O, ¿van a morir mas vidas comiendo el plástico?

Y así como bien se desvanece y se consume esta fotografía con la luz gritona y fuerte que viene desde la punta superior izquierda, así el escenario cotidiano de la calle, el cuerpo de Dimitri como fotógrafo, la puerta y las platas, se esparcen y desvanecen en el reflejo plasmado en la foto, en el plástico que intenta ser transparente, ante aquello atrás de la cámara.