La madrugada en cuarentena

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Hoy empiezo el día con un teclado limpio y una pantalla limpia. Gracias Alisson. Limpié la cocina y la mesa del desayuno para que así las hormigas no coman encima; además me preparé un café con leche y media cuchara de azúcar. Casi cada vez que tomo café en casa, me llaman las palabras de mi abuela. La veo en su piyama rosada bien apretada y bastante redonda, diciendo: “ça fait du bien par où ça passe!”. Son estos pequeños detalles y recuerdos la chispa mágica del comienzo del día de una manera bastante agradable.

Cuando me desperté vi nalgas redondas, piernas musculosas cruzadas y un rostro en paz. Una paz de cómplices. Dormimos en pedacitos. Encuadrado por la doble puerta, disfruté de las hojas grandes de los plátanos del jardín, y ya en màs lejana estancia apareció un edificio abandonado, dorado por la primera luz del día. Bajando las escaleras vi la gata embarazada maullando lastimeramente, la eché de la casa. Y no me dio pena echarla. Hay un estimado de 600 millones de gatos en el mundo. Digamos que todos matan 10 animales silvestres al año, lo que seguro es màs. Nuestros gatos -la mayoría de los casos un lujo- matan mas que 6.000.000.000 de animales silvestres al año. Esta es mi razòn.

Por otro lado, en el amanecer de este día se anunciò que Hoy en Jafana Jafana reparten comida a personas con bajos recursos. La mayoría son Venezolanos. Escucho a Less gritar en su megáfono para organizar el caos de la entrega. Se siente como un pes en el agua dando ordenes. Ya en la tarde Kate me pidió imprimir algo, pero ya no tenìamos papel. Timbró y abrí la puerta. La vi con mascarilla y me pregunté cuanto tiempo màs nos quedaremos en aislamiento.