Cita romántica con Alfonso y Wilma

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Alfonse y su amiga fiel, Otoña, un Renault 4 color blanco socio

Alfonso es un amante del pasado y el pasado un amante de Alfonso. Como prueba están las caricias del tiempo en los cambios de Otoña y la pasada en el primer sábado del mes de marzo de 2020.


Con un par de bebidas alcohólicas que se recorrìan en la sangre y circundaban los encèfalos de Vilma, Alfonso, Dimitri y Alisson, se condujo hasta Lebrija. Sin embargo, es de imperante importancia resaltar que fue mas la historia vivida como brebaje de embriague. Lebrija no era mas que un pueblo donde se estacionò el auto, se dio unas cuantas caminadas entre la entrada de la catedral y el parque central. Siendo asì, muy pronto se dieron cuenta que no era mas que un pueblo aburrido. Solo en este inicio tenia palomas y plagas humanas, y un señor que no podía superar una falda arriba de las rodillas de Alisson, y que ademàs, no podía reservar sus comentarios. De este modo la estancia en Lebrija no fue muy prolongada en el tiempo, pronto no demoraron en decidir; no fue màs que 10 minutos en la visita del pueblo y otros 10 minutos más para encontrar la salida de éste.

En cuatro ruedas y el abrazo transportador de Otoña, fueron saliendo del pueblo pero sin antes no haber estado perdidos y sin haber recorrido algunas calles que ningún otro hubiese podido descubrir sin estar previamente extraviado. De aquí el resplandor y cualidad de los perdidos, pues son aquellos que conocen nuevos caminos y descubren la fuerza en ellos y bien, para ser màs especìfico, la fuerza trasera de Otoña tras quedar por un mili-segundo atrapada en un anden. Esto último a causa de un reverso propiciado por la identificación de la salida pueblerina.

Con la llegada a Giròn, uno de los pueblos màs antiguos de Colombia y estaciòn estratègica de muchos de los colonizadores y libertadores, las miradas asombradas de los pasajeros cayeron en el amor de aquello que sobresale de las antiguas paredes, los portones de madera, las calles empedradas y las brisas que las recorren con sabor a historia.
Ya con el paso del día y bienvenida a la noche, los cuatro amantes de la vida acompañados con el atardecer se posaron en uno de los restaurantes màs antiguos de Giròn llamado La fonda. Entre risas, chistes y coqueteos juguetones a la mesera, exquisitos y tìpicos manjares fueron el deleite de estos cuatro; eran tamales, chorizos, cafè, tinto y cerveza. Sin faltar a mención, el propio lugar de la mesa selecta, es de importante resalte a razón de las memorias amorosas entre Alfonso y Vilma acometidas en ésta.
Ya de regreso a casa, las vociferaciones de Vilma a causa de su miedo por un supuesto borracho al timón, fueron de preciada memoria y pie a bromas cariñosas. La primera parada fue en el CSU de la UNAB para dejar a los dos tenistas, y la última en Home Oasis para el reposo de los otros dos pasajeros y quienes aguardaban por la llegada de los dos primeros mencionados.

Una noche entre copas de vino y cerveza fueron las dadoras de muchas palabras dadas en complicidad. Temas variados como polìtica, trastornos psicològicos, trabajo formal, educaciòn Colombiana y Europea, la vida de Sebastian, viajes, vida ìntima, lo delicioso de beber y lo bonito de la vida, fueron el colofòn de la noche como historia compartida entre cuatro.